Adicionalidad: la palabra más usada y menos entendida del carbono
12 ene 2026
En carbono, hay una palabra que aparece en casi todas las presentaciones, proyectos y discursos. Y, paradójicamente, es una de las menos comprendidas: adicionalidad.
La idea central es clara: si no hay una línea de base sólida, no hay adicionalidad. Hay storytelling. Qué es (y qué no es) la adicionalidad.
Adicionalidad no significa “el carbono subió”. Significa que subió como consecuencia del manejo, y no por factores externos que no controlamos. Clima, ciclos húmedos, cambios regionales en productividad, tendencias generales del sistema agrícola: todo eso puede hacer subir (o bajar) el COS sin que el manejo tenga mucho que ver.

Algunos ejemplos clásicos de lo que no es adicionalidad:
• Un aumento de COS después de un año excepcionalmente húmedo
• Comparar dos campañas aisladas y llamar “impacto” a la diferencia
• Mostrar una mejora sin contexto espacial ni temporal
• Asumir que “antes vs ahora” explica por sí solo el cambio
En todos esos casos puede haber un cambio real. Lo que no hay es atribución. El problema de compararse contra uno mismo:
Uno de los errores más frecuentes en proyectos de carbono es medir la evolución de un lote y compararla únicamente contra su propio pasado. Suena lógico, pero no alcanza. ¿Por qué? Porque el sistema productivo no vive en una burbuja. El lote está inmerso en un contexto climático, productivo y ambiental que también cambia. Si toda una región aumenta su COS por una tendencia favorable, un lote puede “mejorar” sin haber hecho nada distinto.
Compararse sólo contra uno mismo no permite separar señal de ruido. Y sin esa separación, la adicionalidad es, como mínimo, discutible. Separar manejo de clima: el punto crítico
Acá aparece la pregunta incómoda, pero necesaria: ¿Cómo sabemos que el cambio se debe al manejo y no al contexto? La respuesta no está en una muestra más, ni en una planilla mejor armada. Está en el análisis espacial comparativo. Por eso, en Terratio, el enfoque no es mirar un lote aislado, sino compararlo con su entorno productivo cercano. No con promedios nacionales, sino con áreas que comparten clima, suelo y contexto agrícola. Este enfoque permite responder la pregunta clave:
¿Este cambio se explica por una decisión de manejo o por una señal regional? Si no podés hacer esa distinción, no estás midiendo adicionalidad.
El rol del buffer espacial en IP-COS
El IP-COS se apoya justamente en esta lógica.
Cada píxel se compara contra su buffer agrícola cercano, lo que permite:
• Filtrar señales climáticas regionales
• Identificar comportamientos diferenciales atribuibles al manejo
• Evitar falsos positivos de adicionalidad
No se trata de encontrar “el mejor lote”, sino de detectar dónde hay una probabilidad real de carbono adicional, estable y atribuible.
Y eso cambia completamente el uso del dato: de validación retrospectiva a herramienta de decisión. Eso es nuestro método
La adicionalidad no es un concepto filosófico ni un claim comercial. Es un problema técnico. Requiere datos, contexto, series temporales y comparaciones espaciales bien hechas. Todo lo demás puede sonar convincente, pero es frágil. Por eso conviene decirlo sin vueltas: Si no podés separar manejo de clima, no estás midiendo adicionalidad.
Estás contando una historia.
Y en carbono, las historias sin método duran poco.












